La pastilla de ibuprofeno que nos tomamos para un dolor de espalda, los anticonceptivos, cualquier droga, o las cremas y el maquillaje que nos aplicamos, van más allá de nuestro propio organismo: se mantienen en nuestros residuos, sobreviven a la depuración y llegan al medio ambiente.
Pesticidas, medicamentos, hormonas o productos de belleza son algunos de los llamados ahora contaminantes emergentes, esos compuestos de naturaleza química cuya presencia en el medio ambiente y sus posibles consecuencias han pasado hasta ahora casi inadvertidas. Se sabe muy poco sobre su impacto en el medio ambiente y, por extensión, en la fauna, la flora y el hombre.
El problema fundamental radica en que la depuración convencional que se hace de las aguas residuales no elimina esos contaminantes, pues unos procesos capaces de erradicar todos los compuestos tendrían un coste energético muy alto. Para investigar un modo de depuración completa que sea sostenible desde el punto de vista energético se ha iniciado un proyecto de investigación en la planta piloto de Almuñécar.
En esta investigación (llamada Brainymem) participa la empresa Acciona, responsable de los servicios de agua y energía en buena parte de España. También está avalado por la Unión Europea por su potencial de mejora de la calidad de las aguas.
La responsable del departamento de I+D+i, Marina Arnaldos, explicó que este proyecto de investigación en Almuñécar acaba de empezar y se va a desarrollar durante los próximos 3 o 4 años. Los contaminantes emergentes no están actualmente regulados legalmente, de modo que su presencia en el agua que se vierte a los ríos no es ilegal, lo cual no quiere decir que sea inocuo. Al contrario, los científicos creen que puede tener consecuencia, aunque aún no está estudiado.
Por este motivo se cree que la Unión Europea no tardará mucho en regular este tema y exigir una serie de procesos en la depuración del agua que permitan eliminar del todo esos contaminantes que provienen de los productos químicos que consumimos habitualmente.

Además de los problemas medioambientales que estos productos pueden causar cuando llegan sin depurar a las aguas de los ríos, se ha sumado la creciente tendencia a la reutilización del agua, como bien escaso que es.
Las aguas residuales se pueden reutilizar para la agricultura o los usos urbanos, como las fuentes. En la situación actual, esos restos de antibióticos, cremas o productos, que a través de la orina o los actos de higiene diaria pasan a las aguas residuales, se mantienen incluso después de pasar por las estaciones depuradoras, pues los procesos no son lo suficientemente intensivos.
"El agua y la energía son dos recursos muy unidos", explicó la investigadora de Acciona, pues para obtener agua depurada hace falta energía y para tener energía es necesaria el agua.
Por eso el reto es reducir el consumo energético para la depuración en general y en particular para los procesos que permitan eliminar los contaminantes emergentes.
De entre todos esos restos que actualmente llegan a las aguas de los ríos, la Unión Europea ha puesto ya en el punto de mira algunos cuya erradicación considera prioritaria. Es el caso de los compuestos de las hormonas y los analgésicos."

Esta noticia aparecida en el diario "Granada Hoy", nos recuerda la presencia en nuestras aguas de contaminaciones "emergentes".
Se les llama así, no porque antes no estuvieran, sino porque ahora se analizan parámetros nuevos y se descubren cosas que desconocíamos. También cabe señalar que estos contaminantes van en aumento, se acumulan progresivamente a lo largo del tiempo.
Teniendo en cuenta que de los mismos acuíferos se extrae el agua de consumo humano, vale la pena asegurarse la calidad con sistemas de tratamiento de aguas domésticos.
Como la ósmosis inversa doméstica, os animamos a comprobar lo fácil y barato que resulta instalar un equipo de estas características en casa, ya no hay excusa para disponer de la mejor calidad posible en el agua de consumo.