Es un recurso limitado –sobre todo cuando está limpia– que cada vez se consume más. ¿La ventaja? Se puede depurar y reutilizar tantas veces como se necesite. ¿El inconveniente? En muchas zonas de España su uso está tan estacionalizado que hace casi inevitable recurrir a infraestructuras innecesariamente grandes y caras. ¿El reto? Reducir los costes de la depuración a pequeña escala y, con ello, hacer más sostenible el sistema. «Solo integrando grandes áreas se pueden llegar a cubrir las necesidades de depuración y mantener la eficiencia», valoró Federico Ramos, secretario de Estado de Medio Ambiente y responsable de la gestión del agua en España, durante un encuentro de expertos en el que participaron el presidente de la Asociación Española de Abastecimientos de Agua y Saneamiento (AEAS), Fernando Morcillo; el CEO de Acciona Infraestructuras, Agua y Servicios, Luis Castilla; y Antonio Martínez Dalmau, socio de PricewaterhouseCoopers, que ha elaborado un estudio para Acciona sobre la gestión del agua en España.
«Si la población varía mucho durante el año, o si está muy dispersa, tenemos un problema». En las zonas turísticas, aclara, las necesidades de saneamiento de agua pueden multiplicarse en temporada alta. Durante el resto del año, la infraestructura necesaria para unos pocos meses genera sobrecostes importantes. En otras áreas, la baja densidad de población es la que pone en dificultades a las administraciones. «No podemos permitirnos hacer infraestructuras que no sean sostenibles. Hay que buscar tecnologías de depuración para poblaciones pequeñas», aclara Ramos.
Tanto institutos de investigación como empresas privadas ya trabajan en fórmulas que permitan cumplir este objetivo. En la Comunidad Valenciana, una colaboración entre Facsa y el centro tecnológico Ainia trabaja en el desarrollo de una planta depuradora que, mediante un proceso de digestión anaerobia de los residuos en dos fases, es capaz de producir una mayor cantidad de biogás y, simultáneamente, reducir la cantidad de residuos. La mejora de la eficiencia llega, por tanto, por partida doble.
El centro de investigación CEIT-IK4, por su parte, ha desarrollado el proyecto Diamond. Una tecnología de ‘Big Data’ capaz de recoger todos los datos que genera una depuradora, analizarlos, interpretarlos, y ofrecer soluciones para mejorar su eficiencia. Ha sido probado con éxito en el País Vasco, en Finlandia y en Suecia. Incluso se ha desarrollado un sistema de tratamiento de aguas residuales que, mediante el uso de una plantación de bambú, permite filtrar las aguas grises casi sin coste."
Interesante artículo aparecido en innovando.larioja.com, especializada en la innovación.
Ciertamente, la dispersión de pequeños núcleos de población, o incluso casas aisladas, obligan a desarrollar sistemas económica y ecológicamente mejores.
Es importante escoger la depuradora adecuada, pero también es importante la viabilidad económica de los proyectos, para no entorpecer su aplicación.
No parece lógico que un domicilio particular gaste 15.000 € en instalar una depuradora de aguas residuales que le permita verter dentro de la norma, el precio hace que solo la instales cuando aprieta la administración. Sin embargo, con las soluciones más pequeñas de las nuevas gamas de depuración, plantas de oxidación total, reactores secuenciales de pequeño tamaño, fosa filtro, biodiscos, etc., la maquinaria ha ido haciéndose cada vez más asequible.
Además, con la mejora de la tecnología estamos ofreciendo equipos que son capaces de reutilizar las aguas depuradas, con lo que se puede pensar incluso en amortizaciones de equipos, algo impensable hace no tanto tiempo.
También disfrutamos en estos últimos tiempos la aparición de la biotecnología, con una aportación en nuevas soluciones tecnológicas que aumenta los rendimientos de los equipos tradicionales de forma sustancial. Es una disciplina que está en pleno desarrollo, con un recorrido enorme por cubrir, esperamos mucho de esta especialidad.