Estos contaminantes provocan problemas en los procesos de depuración biológica urbanos y en los desagües del alcantarillado, haciendo muy recomendable su tratamiento en el propio lavadero. Esto hace que la administración exija el montaje de separadores de hidrocarburos de clase 1 y decantadores de sólidos en la línea de vertido, como parte imprescindible de la instalación.

Generalmente se considera que la carga en detergentes y ceras no tiene entidad suficiente para impedir su vertido en el alcantarillado, los valores de dilución en estas aguas residuales son muy importantes y las concentraciones finales así lo indican.
Por otra parte no hay que olvidar que las aguas producidas en un entorno urbano tendrán características diferentes a las producidas en uno agrícola, respecto a la carga en sólidos, arenas y tierras principalmente.
Los caudales generados en diferentes instalaciones del lavado también son diferentes. No es lo mismo un lavadero manual con manguera, unos 400 litros de agua por coche, una instalación convencional de puente de lavado, unos 150 litros, o una moderna instalación de lavado con recirculación, que puede reducir este caudal incluso hasta el “vertido cero”.
Por todo esto, se han desarrollado en el mercado diferentes sistemas de depuración de este tipo de caudales, buscando la legalidad del vertido, la recirculación parcial de las aguas, o incluso la eliminación total del vertido. Hace algunos años la normativa sufrió una modificación, impidiendo los vertidos de aguas residuales en estaciones de tren, aeropuertos, etc.… lugares donde tradicionalmente el túnel de lavado es muy necesario. Las empresas de alquiler de vehículos están ubicadas en estos sectores y esta prohibición les exige enviar los coches a lavar a la población más cercana.
Como primera medida para el pretratamiento de estas aguas, no podemos llamarlo todavía depuración, está el separador de hidrocarburos con desarenador.
La administración exige que sea de clase 1, que garantice menos de 5 mg/l de hidrocarburos a la salida y que este provisto de sistema de obturación para impedir el escape accidental del hidrocarburo. Como primera etapa, debe estar provisto de desarenador.
Con este sistema podríamos verter las aguas en una zona urbana, con conexión al alcantarillado.

Como segunda categoría de tratamiento, estarían aquellas instalaciones que buscan la recirculación parcial de las aguas, utilizando para las primeras fases del lavado aguas de recuperación y aclarando con agua de red.
Con este sistema se puede reducir un porcentaje muy importante de las aguas de entrada, al utilizar agua “nueva” sólo en el aclarado final del vehículo.
Para conseguir este nivel de depuración suelen utilizarse métodos físicos, filtros de partículas, principalmente. Al ser aguas sensibles a la contaminación bacteriana, también es importante disponer de los sistemas de desinfección adecuados. No hay que olvidar que el agua se pulveriza, y eso lleva el riesgo de legionelas. También es necesario proceder al tratamiento de prevención recomendado por el artículo 8.2 Real Decreto 865/2003, para la prevención de esta contaminación. Estas aguas están consideradas de bajo riesgo, pero es conveniente seguir la recomendación expresa para esta categoría.
Al recuperarse las aguas en las primeras fases del lavado, no es necesario que dispongamos de procesos de eliminación de detergentes. Esto supone incluso un ahorro en este concepto, el hecho de que en las aguas de recirculación tengamos presente una cantidad de detergentes, que favorecen incluso la desinfección del volumen acumulado.

Como objetivo máximo a la hora de plantearse una recirculación de aguas de lavadero de vehículos estaría el “vertido cero”, la recuperación de todas las aguas circuladas en el lavadero.
Generalmente sólo se plantean en lugares donde el vertido es absolutamente ilegal, los costes de este tipo de maquinaria y de tratamiento suelen ser muy elevados, no compensando económicamente.
No existen en el mercado muchos equipos capaces de conseguir este objetivo, dada la complejidad de este. Aspectos como la alta calidad final exigida para el aclarado, la garantía de desinfección, la imposibilidad de añadir productos químicos a un circuito cerrado para favorecer las coagulaciones de la materia, etc., hacen que el diseño de estos equipos sea muy complejo.
Por otra parte, existe otra limitación muy importante a la hora de situar los equipos en la instalación de lavado, el espacio disponible suele ser muy reducido.
Esto hace que la mayoría de los equipos estén dirigidos al tratamiento físico químico de las aguas, distribuyendo los diferentes elementos a lo largo de la propia pared lateral del box. Los procesos biológicos tienden a necesitar mucho espacio para el almacenamiento de las aguas, por las propias necesidades del tratamiento biológico. Esto, junto con los depósitos de acumulación de aguas tratadas, nos obliga a disponer de grandes depósitos, que generalmente sólo pueden ubicarse enterrados.